domingo, 6 de enero de 2008

LESBIANISMO EN EL SALVADOR, MUJER, IDENTIDAD Y DISCRIMINACION

Por: Silvia Matus, sociòloga y poeta.


Enfermedad, perversión, desviación o pecado, así considera la sociedad salvadoreña a las personas de elección sexual distinta a la heterosexual. Pues esto va contra los roles de género que se han establecido para mujeres y hombres, y la sexualidad de mujeres y hombres, en la cultura occidental, está ligada por la religión y las normas jurídicas (matrimonio) a la reproducción de la especie y conformación de la familia. En esta percepción negativa de las lesbianas, influye la religiosidad y el modelo de familia nuclear y heterosexual impuesta o reconocida socialmente.

El término lesbianas, surge a partir del descubrimiento de los poemas de Safo, (630-650 A.C.), que vivió exilada en la isla de Lesbos, rodeada de mujeres, con quienes tenía “contactos carnales”. A fines del siglo XVI, un francés llamado Pierre Bouerdille, señor de Brantome, recopiló poemas amorosos entre mujeres en un libro titulado: “Las Lesbianas”, en referencia a la isla donde vivió Safo. Desde entonces, la palabra se popularizó, y se llamó lesbianas a aquellas mujeres que se sentían atraídas sexualmente por personas de su mismo sexo.[1] Recordemos que Sigmund Freud, fundador del sicoanálisis, (1856-1939), ya hablaba de una sexualidad “polivalente”, y de la bi-sexualidad para referirse a otras sexualidades.

A las lesbianas en nuestro país se les dice vulgarmente: “marimachas” , para significar su ambigüedad de mujer y hombre (macho). Este desprecio es extendido a personas que no responden a los patrones de heterosexualidad.
Y es que en la jerarquía sexual dominada por la heterosexualidad, las otras formas, prácticas y vivencias de la sexualidad se ven menospreciadas, sean estas bisexuales, de lesbianas, gays, transexuales, travestis, o trabajadoras/es sexuales.

Se comienza a hablar de lesbianismo de manera abierta en nuestro país con el auge del movimiento de mujeres y del feminismo en los años noventas. El encuentro centroamericano de mujeres celebrado a principios de 1992 en Montelimar, Nicaragua, fue clave, para motivar a algunas mujeres lesbianas a hacer algo para ellas mismas. En el año 1993, en el Segundo encuentro de Mujeres Salvadoreñas, en el lago de Coatepeque, se realizó un taller sobre “Lesbianismo” promovido por dos mujeres extranjeras, Clara Murigalday y Norma Vázques, al que acudieron unas 50 mujeres interesadas en el tema, la mayoría heterosexuales. En los años 92, 93 y 94, funcionó en nuestro país, un grupo de mujeres lesbianas, bisexuales y lesbianas políticas (mujeres heterosexuales que respetan y apoyan a las mujeres lesbianas), llamado “Colectiva lésbica de la media luna”, que dejó de existir por diversas razones.

La discriminación y la doble moral en nuestra sociedad funcionan, pues existen muchas mujeres y hombres gays, que están en cargos públicos, a cambio de que su identidad sexual sea ocultada o negada. Y muchas mujeres lesbianas y hombres homosexuales, ciudadanos/as de a pie han sido obligados a renunciar de sus trabajos, aunque sean buenos en ello, cuando se conoce su identidad sexual. La mayoría de transexuales femeninas, son prácticamente obligados a prostituirse por no ser tolerados en sus trabajos con su indumentaria y su forma de ser.

En nuestro país existen muchas personas con identidad sexual distinta a la heterosexual, así tenemos: hombres homosexuales, mujeres lesbianas, y trans géneros de uno u otro sexo, que mucha veces son hostilizados y no considerados seres humanos con derechos: Entre el año 2000 y el 2004 fueron asesinados 14 travestis; alrededor de 12 trabajadoras del sexo, según la Asociación Flor de Piedra. Varios muchachos homosexuales han sido asesinados, y en el ultimo semestre, dos jóvenes lesbianas que vivían en Mejicanos fueron asesinadas. Casi todos estos asesinatos no han sido investigados y hallados los culpables, desestimando a las víctimas por la vivencia de su sexualidad. Los medios nacionales generalmente abordan de manera morbosa y ligada al escandalo los temas relacionados con la homosexualidad y el lesbianismo, y los políticos intentan sacar ventaja política de ellos, por ejemplo el intento de prohibición del matrimonio entre homosexuales y lesbianas de parte de los conservadores de la Democracia Cristiana y otros partidos..

Existe conflicto entre las lesbianas y el movimiento feminista y de mujeres, pues las organizaciones de mujeres y las feministas temen ser consideradas lesbianas, pese a esto, la organización y la lucha feminista le aportado mucho a las lesbianas para plantarse en contra de la discriminación, y al revés, las lesbianas han aportado al movimiento feminista a hacer una lectura no heterosexista de la construcción social de los géneros.

Los derechos sexuales y reproductivos en nuestro país, son poco promovidos. Los derechos sexuales no son plenamente respetados, y los reproductivos han sido menoscabados, estos últimos sufrieron un duro golpe con la reforma constitucional de 1998 y 1999 que condena el aborto por cualquier razón.

Existe una lucha internacional y nacional por los derechos sexuales y reproductivos de las personas, incluyendo la vivencia plena de la sexualidad, contenidos en manifiestos, ensayos, libros, redes y grupos organizados alrededor de la diversidad sexual y los derechos sexuales y reproductivos. Muchas lesbianas feministas como Adriane Rich, Judith Butler, Julio Soro, Ochy Curiel, Norma Mogrojevo, Monique Witting, y otras han reflexionado sobre la identidad lésbica, la discriminación y el orgullo lésbico.

Actualmente, en nuestro país existen algunos bares donde acuden gays, lesbianas y transexuales. El 28 de Junio se celebra el día del orgullo Lésbico y Gay a nivel internacional. Ese mismo día organizaciones de gays, como “Entre amigos”, “Manos amigas” y otras salen a la calle para visibilizarse. Se promueven desde algunas organizaciones de mujeres, como “Las Dignas”, charlas sobre “La diversidad sexual” y ciclos de cine “Lésbico” en el mes de junio. Pero, son pocos los espacios donde estas personas pueden ser ellas mismas y aceptadas por serlo.

En nuestro país, la reflexión y la organización de las mujeres lesbianas es incipiente, existe una colectiva de lesbianas llamada “Y yo también”, que funciona en San Salvador. Lesbianas y homosexuales, elaboraron una Proclama sobre la Diversidad sexual, la cual presentaron a la municipalidad de San Salvador para su aprobación, la que sorpresivamente fue asumida por el Concejo Municipal, dirigido por primera vez en siglos por una mujer.

A pesar de la marginaciòn, la violencia y el silencio, las voces transgresoras de las Lesbianas, resuenan ya en nuestro paìs, y prometen enriquecer la reflexiòn y la acciòn sobre derechos tan sagrados como el de la vida y la sexualidad humana.

FORTALEZAS, DEBILIDADES Y DESAFIOS EN EL DESARROLLO PRACTICO de la aplicaciòn de la normativa en materia de violencia contra la mujer


Por: América Romualdo

Feminista Salvadoreña

Un balance del cumplimiento de los compromisos internacionales

Para iniciar esta intervención sobre las fortalezas, debilidades y desafíos en la aplicación de la normativa en materia de violencia contra la mujer, es indispensable reconocer el continuo trabajo de las organizaciones de mujeres desde lo local, nacional e internacional, esta fuerza de la mujeres organizadas a todos lo niveles en el mundo ha sido la fuente dinamizadora de la implementación de legislación y política para el desarrollo de las mujeres, reconociendo que ha sido la acción incasable y creativa de la lucha de las mujeres Salvadoreñas la que logro visibilizar y colocar en la agenda publica y política del el salvador la grave problemática de la violencia contra las mujeres en todas sus formas.

Las valoraciones en esta ponencia la centrare sobre la base a los acuerdos internacionales adquiridos por el gobierno salvadoreño, ya que considero que es oportuno hacerlo como un balance de los compromisos que el estado Salvadoreño ha adquirido en materia de derechos humanos de las mujeres y en especial de la erradicación de la violencia contra ellas.

El Estado Salvadoreño, en 19981 se comprometió ante la comunidad internacional pero sobre todo con las mujeres salvadoreñas a:

Condenar la discriminación contra la mujer en todas sus formas y que entenderá por "discriminación contra la mujer" “toda distinción, exclusión o restricción basada en el sexo que tenga por objeto o resultado[1] menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio por la mujer, independientemente de su estado civil, sobre la base de la igualdad del hombre y la mujer, de los derechos humanos y las libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural y civil o en cualquier otra esfera.”[2], al ratificar la Convención sobre la eliminación de todas las formas de Discriminación contra la mujer (CEDAW) y adquirió los compromisos específicos para el cumplimiento de este propósito, así, intentare hacer una valoración de los niveles de cumplimiento de dichos compromisos, centrándome en las tareas especificas en las que el estado debe involucrase, para aclaración se entiende que el compromiso es de todos los órganos del estado salvadoreño.

Al examinar los compromisos de los artículos de la CEDAW, tenemos los siguientes aspectos que considero relevantes abordar si se quiere trabajar por la erradicación de la violencia contra las mujeres, además, se debería hacer un exhaustivo trabajo de verificación de todos lo compromisos relativos a la salud, empleo, etc. para verificar si efectivamente la legislación salvadoreña logró armonizarse al espíritu de esta convención.

Antes de examinar los compromisos seleccionados, considero importante establecer que para que un estado realmente logre avances en este sentido debe comprender las dimensiones de la discriminación hacia las mujeres, reconocer su existencia y que las soluciones pasan por cambios normativos de toda índole pero siempre con la intención de hacer cambios culturales profundos, erradicando las nociones culturales de inferioridad de las mujeres.

Convención sobre la eliminación de todas las formas de Discriminación contra la mujer

No. art.

Compromiso

Valoración

2 a)

constituciones nacionales y en cualquier otra legislación apropiada el principio de la igualdad del hombre y de la mujer y asegurar por ley u otros medios apropiados la realización práctica de ese principio

El principio de igualdad establecido en nuestra constitución es limitado. A tal punto que ha sido utilizado para limitar el derecho de las mujeres.

2 b)

Adoptar medidas adecuadas, legislativas y de otro carácter, con las sanciones correspondientes, que prohíban toda discriminación contra la mujer

Aún se a legislado muy poco en esta materia, y no se han establecido mecanismo para la comprobación de practicas discriminatorias, en empleo, educación, elección de funcionarios/as, etc.

2 c)

Establecer la protección jurídica de los derechos de la mujer sobre una base de igualdad con los del hombre y garantizar, por conducto de los tribunales nacionales competentes y de otras instituciones públicas, la protección efectiva de la mujer contra todo acto de discriminación

En este momento no existe aún una practica de defensa de derechos, basados en la no discriminación, por la inexistencia mecanismos específicos, y la debilidad de nuestro sistema de garantías por no contar con la ratificación del Protocolo Facultativo de la CEDAW.

2 e)

Tomar todas las medidas apropiadas para eliminar la discriminación contra la mujer practicada por cualesquiera personas, organizaciones o empresas

No existe ningún tipo de vigilancia al respecto y no es una de las prioridades de la inspectoría del ministerio de trabajo.

2 f)

f) Adoptar todas las medidas adecuadas, incluso de carácter legislativo, para modificar o derogar leyes, reglamentos, usos y prácticas que constituyan discriminación contra la mujer;

Se han hecho esfuerzos, pero considero que siempre debe existir una comisión que permanentemente haga las revisiones necesarias, por los cambios que constantemente se están realizando.

2 g)

Derogar todas las disposiciones penales nacionales que constituyan discriminación contra la mujer

4

1.

La adopción por los Estados Partes de medidas especiales de carácter temporal encaminadas a acelerar la igualdad de facto entre el hombre y la mujer no se considerará discriminación en la forma definida en la presente Convención, pero de ningún modo entrañará, como consecuencia, el mantenimiento de normas desiguales o separadas; estas medidas cesarán cuando se hayan alcanzado los objetivos de igualdad de oportunidad y trato

Este compromiso no ha sido asumido por el estado salvadoreño, prueba fehaciente de ello es la negativa de adoptar reformas al Código electoral como una acción afirmativa a la participación política de las mujeres.

5 a)

Modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres, con miras a alcanzar la eliminación de los prejuicios y las prácticas consuetudinarias y de cualquier otra índole que estén basados en la idea de la inferioridad o superioridad de cualquiera de los sexos o en funciones estereotipadas de hombres y mujeres

Este tipo de acciones a través de campañas de visibilización de los grandes aportes de las mujeres de formas no estereotipadas es uno de los grandes vacíos del estado salvadoreño, en el cumplimiento de esta convención.

10 c)

La eliminación de todo concepto estereotipado de los papeles masculino y femenino en todos los niveles y en todas las formas de enseñanza, mediante el estímulo de la educación mixta y de otros tipos de educación que contribuyan a lograr este objetivo y, en particular, mediante la modificación de los libros y programas escolares y la adaptación de los métodos de enseñanza;

16 g)

Los mismos derechos personales como marido y mujer, entre ellos el derecho a elegir apellido, profesión y ocupación;

La ley del nombre que sigue siendo discriminatoria en forma expresa por el temor de los y las legisladores a atentar contra la cultura discriminatoria de los hombres salvadoreños

El otro instrumento que es necesario analizar es la Convención interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer "CONVENCION DE BELEN DO PARA". en de Belem do para y los compromisos de país, fue ratificada por nuestro país en 1995, en el contexto de la cuarta conferencia sobre la mujer, que se realizó en Beijín. La Convención de Belem do Pará, es un importante aporte del derecho internacional ya que ubica la problemática del desarrollo de la mujer en uno de los aspectos que más lo han obstaculizado, la violencia sexista.

En la referida Convención se establece que “debe entenderse por violencia contra la mujer cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado.”[3] Que dicha violencia incluye la violencia física, sexual y psicológica, de las cuales establece su contenido. Reafirma las derechos fundamentales que tiene una mujer por el hecho de ser persona y además establece el “derecho a una vida libre de violencia, tanto en el ámbito público como en el privado”[4], “que incluye, entre otros:

a. el derecho de la mujer a ser libre de toda forma de discriminación, y

b. el derecho de la mujer a ser valorada y educada libre de patrones estereotipados de comportamiento y prácticas sociales y culturales basadas en conceptos de inferioridad o subordinación.”[5]

CONVENCION INTERAMERICANA PARA PREVENIR, SANCIONAR Y ERRADICAR LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER

"CONVENCION DE BELEN DO PARA".

No. art.

Compromiso

Valoración

7 a)

abstenerse de cualquier acción o práctica de violencia contra la mujer y velar por las autoridades, sus funcionarios, personal y agentes e instrucciones se comporten de conformidad con esta obligación;

Los esfuerzos de sensibilización en materia de violencia aún no es parte integral de la formación del personal y no existe seguimiento de este tipo de practicas.

7 b)

actuar con la debida diligencia para prevenir, investigar y sancionar la violencia contra la mujer;

Aún los procedimientos son lentos y burocráticos.

7 c)

incluir en su legislación interna normas penales, civiles y administrativas, así como las de otra naturaleza que sean necesarias para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer y adoptar las medidas administrativas apropiadas que sean del caso;

Se aprobó una ley contra la violencia intrafamiliar, pero ha existido poca respuesta a otro tipo de violencia contra las mujeres.

7 d)

adoptar medidas jurídicas para encaminar al agresor a abstenerse de hostigar, intimidar, amenazar, dañar o poner en peligro la vida de la mujer de cualquier forma que atente contra su integridad o perjudique su propiedad;

Se establecieron medidas de protección sólo en materia de violencia intrafamiliar, el reto de formas de violencia contra la mujeres quedan sin protección. Existe negligencia o temor en la aplicación y seguimiento de algunas medidas.

7 e)

tomar todas las medidas apropiadas, incluyendo medidas de tipo legislativo, para modificar o abolir leyes y reglamentos vigentes, o para modificar prácticas jurídicas o consetudinarias que respalden la persistencia o la tolerancia de la violencia contra la mujer;

Existe muy poco trabajo en los aspectos culturales e institucionales de tolerancia y justificación de la violencia, se debe poner atención a la poca efectividad en los delitos de violencia contra la mujer.

7 f)

establecer procedimientos legales justos y eficaces para la mujer que haya sido sometida a violencia, que incluyan, entre otros, medidas de protección, un juicio oportuno y el acceso efectivo a tales procedimientos;

Aún falta comprensión y sensibilidad en las y los operadores del sistema.

Instrumentos de apoyo como la Ley integral de protección a Victimas de Violencia, que lamentablemente han sido obstaculizado en su aprobación.

7 g)

establecer los mecanismos judiciales y administrativos necesarios par asegurar que la mujer objeto de violencia tenga acceso efectivo a resarcimiento, reparación del daño u otros medios de compensación justos y eficaces, y

7 h)

adoptar las disposiciones legislativas o de otra índole que sean necesarias para hacer efectiva esa Convención.

8 b)

modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres, incluyendo el diseño de programas de educación formales y no formales apropiados a todo nivel del proceso educativo, par contrarrestar prejuicios y costumbres y todo otro tipo de prácticas que se basen en la prensa de la inferioridad o superioridad de cualquiera de los géneros o en los papeles estereotipados para el hombre y la mujer que legitimizan o exaltan la violencia contra la mujer;

La acción y esfuerzos para garantizar cambios culturales es uno de los mayores déficit de cumplimiento de la presente convención.

8 c)

fomentar la educación y capacitación del personal en la administración de justicia, policial y demás funcionarios encargados de la aplicación de la ley, así como del personal a cuyo cargo esté la aplicación de las políticas de prevención, sanción y eliminación de la violencia contra la mujer;

No se ha logrado generalizar como una política de estado, todos los esfuerzos en esta área son puntuales y no es tomado en cuanta como un factor importante en el desempeño..

8 g)

alentar a los medios de comunicación a elaborar directrices adecuadas de difusión que constituyan a erradicar la violencia contra la mujer en todas sus formas y a realizar el respeto a la dignidad de la mujer;

Lamentablemente la Violencia contra la mujeres, no se ha reflejado como una prioridad del gobierno de El Salvador, lo que se refleja en su promoción en los medios de mensajes contra la violencia de todo tipo, menos la que esta dirigida contra la mujer.

8 h)

garantizar la investigación y recopilación de estadísticas y demás información pertinente sobre las causas, consecuencias y frecuencia de la violencia contra la mujer, con el fin de evaluar la eficacia de las medidas par prevenir, sancionar y eliminar la violencia contra la mujer y de formular y aplicar los cambios que sean necesarios;

No a existido una política de formación en materia de violencia contra la mujer, y esfuerzos como el Manual de Aplicación de la Ley contra la violencia intrafamiliar no han sido retomados.

De las valoraciones anteriores sobre el cumplimiento de estas dos convenciones podemos concluir que se han realizado esfuerzos más sistemáticos en materia de violencia intrafamiliar, pero muy poco en otras formas de violencia contra la mujer, además han existido pocas iniciativas para cambiar aspectos culturales que favorecen la discriminación y la violencia contra las mujeres.

Por otra parte es importante destacar la existencia de una Política Nacional de la Mujer, la cual el Instituto para el desarrollo de la mujer (ISDEMU) reconoce que debe ser un instrumento para la operativización de los compromisos de los acuerdos internacionales que el país ha adquirido, y que deberían ser ante todo compromisos adquiridos con las mujeres salvadoreñas para el desarrollo y para democracia del El Salvador. Así, el ISDEMU plantea que la PNM se basa en el marco de ratificación de compromisos internacionales y en los principios del Plan Social de Gobierno de desarrollar políticas públicas que mejoren la condición de la mujer y establezcan la equidad de género en el país. Esa voluntad fue expresada por el Gobierno de la República y la Asamblea Legislativa, al crear por Decreto Legislativo No. 644 en febrero de 1996 el Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer (ISDEMU) y, más concretamente, al establecer el mandato en el artículo 3 de su Ley de creación, que obliga al ISDEMU y por lo tanto al Gobierno de la República a elaborar y garantizar el cumplimiento de la Política Nacional de la Mujer.[6]

Al examinar como todos esos compromisos internacionales se expresan en la PNM, nos encontramos que el “objetivo específico del Área de Violencia dentro de la Política Nacional de la Mujer, es prevenir y detectar el fenómeno de la violencia contra la mujer dando protección y atención a las víctimas, mediante acciones sustantivas basadas en la Normativa Internacional y Nacional vigentes, relativa a la violencia”[7], Del cual el ISDEMU platea que su compromiso normativo cubierto por la ley contra la violencia intrafamiliar y que la forma que previene y erradica la violencia contra las mujeres es el programa de saneamiento de las relaciones familiares, que desde su nombre nos indica el poco entendimiento de las causas e implicaciones de la violencia contra las mujeres en un país como El Salvador.

Por lo anteriormente expuesto, considero que los compromisos internacionales expresados en la política Nacional de la Mujer han sido retomados de una forma muy limitada y esta es una de las razones fundamentales de un estancamiento a todos los niveles, de acciones encaminadas a prevenir erradicar y sancionar la violencia contra las mujeres.


[1] Subrayado de América Romualdo

[2] Articulo 1 de la CEDAW

[3] Art. 1 Convención de Belem do Pará

[4] Art. 5 Convención de Belem do Pará

[5] Art. 6 Convención de Belem do Pará

[6] Marco histórico de la Política Nacional de la Mujer www.isdemu.gob.sv

[7] Área de violencia de la Política Nacional de la Mujer www.isdemu.gob.sv

GRUPOS DE AUTOAYUDA: Propuesta Polìtica por una vida libre de Violencia


Por: Dinora Aguiñada Deras

La existencia de los grupos de autoayuda está vinculada a los procesos de resistencia de las mujeres frente a la discriminación y la violencia que vivimos. Los primeros grupos de reflexión para compartir y desestructurar vivencias personales surgen en los Estados Unidos e Inglaterra en los años 1960. Son grupos feministas que parten de la visión que lo personal es político. Se oponen a una visión asistencialista e individualista que deposita la responsabilidad del acto violento hacia la receptora de la violencia y no hacia el que agrede. Son las feministas quienes rechazaron políticas públicas que perciben a las mujeres como víctimas, que promovían la creación de albergues, de nuevas leyes, y terapias individuales; estas políticas se enfocan en la creencia que son las mujeres las del “problema” sin reconocer ni crear políticas públicas que trastoquen las causas estructurales de la violencia y que contribuyan a la erradicación de las condiciones de opresión y subordinación en que vivimos las mujeres. En América Latina los primeros grupos de autoayuda surgen en Argentina en los años 80. En 1988 se crea el primer grupo en Costa Rica y a partir del año 2000 se desarrollan en el resto de Centro América, incluso en nuestro país.

Relaciones inequitativas de poder pilar fundamental de la violencia

Es así como los grupos de autoayuda son una propuesta política que conlleva a desestructurar las relaciones inequitativas de poder que se han construido socialmente y que por lo tanto son históricas. Se parte de que él que agrede es el único responsable de la violencia, y que la esencia del problema es el desbalance de poder entre hombres y mujeres. Por eso se vuelve necesario que las mujeres nos fortalezcamos y empoderemos a fin de recuperar el control de nuestras propias vidas.

Autoayuda: aprender a ser la protagonista de su proceso

El funcionamiento del grupo parte de reglas en la que la confidencialidad es primordial. Es facilitado por una de las participantes quien ha avanzado o ha salido del ciclo de violencia y cada participante se hace responsable de su vida y su proceso. El término de "Autoayuda" tiene que ver con la capacidad de ayudarse a si misma y de desarrollar habilidades y capacidades propias para salir del conflicto. Se trata de esfuerzos por acompañarse en los procesos que ellas mismas protagonizan, porque las mujeres que viven violencia son fuertes y capaces, “completas, adultas ciudadanas y protagonistas de nuestros propios procesos.”[1] Evaluaciones del grupo de autoayuda de Las Dignas demuestran que uno de los aprendizajes substanciales de la participación en el grupo es que las mujeres reconozcan que ellas mismas son las principales tutoras, actoras, gestoras y administradoras de sus procesos personales, emocionales, políticos y legales.

Exclusivamente en ellas mismas está la fuerza para salir del ciclo de violencia.

Ellas son las que se van a comprometer para cambiar la realidad de violencia que vivén, hasta donde ellas se lo propongan, con el apoyo de las otras mujeres del grupo. Son ellas mismas quienes, a partir de sus experiencias y vivencias, mejor conocen la dimensión de la violencia que viven y sus soluciones. Ellas deciden salir, enfrentar y/o denunciar los hechos de violencia. Nadie, ni autoridades, ni profesionales, ni facilitadoras de grupo, pueden hacer estos cambios por ellas, nadie tiene la facultad de decidir por ellas. Este proceso es liberador y políticamente da mucha fuerza para el colectivo, porque una vez se sueltan las amarras, las ideas y los vuelos crecen y se profundizan.

Aprender sobre las dinámicas de la violencia y tomar conciencia de sus derechos

En el grupo se crean condiciones que posibiliten romper con las dinámicas de la relación que deterioran la calidad de vida de las mujeres y que ponen en peligro su propia existencia. Uno de los propósitos es que las mujeres se apropien de sus derechos, de las leyes y de procedimientos legales que están a su favor, para que identifiquen diferentes alternativas o salidas para la situación conflictiva que viven.

Otro propósito es que descubran la existencia del Ciclo de la Violencia y que se percaten de las diversas formas en que se manifiesta y ejerce la violencia. Aprenden a reconocer la duración y la intensidad del ciclo, y como se expresa en las diferentes parejas, a identificar las fases del ciclo de violencia y como ellas han vivido estas: la acumulación de tensión, explosión o episodio agudo, distanciamiento y negociación.

También aprenden a ver la violencia desde un enfoque feminista: a reconocer los diferentes prototipos, roles y atributos que los diferentes agentes socializadores asignan a los hombres y a las mujeres, y como éstos se convierten en factores de riesgo para desentrampar relaciones violentas. Aprenden a identificar y apropiarse de los sentimientos que les provocaron experiencias de violencia, a fin de descubrir lecciones sobre conductas, actitudes, sentimientos y pensamientos que les mantienen atadas al ciclo de violencia. De esta manera se crea un espacio para idear nuevas formas de pensar y actuar que les permita avanzar en la resolución de sus problemas. Además les da la pauta para recuperar las estrategias que han implementado en otras situaciones conflictivas y que les han sido útiles y les han permitido sobrevivir.

El factor económico como un impedimento para desarrollarse

Asistir al grupo les permite tomar conciencia de las desventajas a las que se enfrentan a nivel social, económico y político lo cual les hace mucho más difícil salir del ciclo de violencia y que no se trata de obstáculos personales, sino de impedimentos estructurales que les impone el sistema patriarcal a las mujeres, por lo que tienen que aliarse para vencer este impedimento.

Se dan cuenta que la posición de desventaja económica de ellas a nivel social, los hombres la aprovechan, negando la cuota alimenticia, no aportan económicamente para los gastos de sus descendientes, ni la casa. Van reconociendo que el factor económico es un arma de poder para someterlas y oprimirlas, manipularlas y situarlas a la voluntad de ellos. Además de valorar el aporte que ellas realizan con el trabajo domestico, no remunerado, a la economía del hogar y que en muchos casos se ven obligadas a desarrollar una doble o triple jornada de trabajo. Sin embargo casi nunca son propietarias ni de las viviendas, ni de los bienes que se adquieren durante la convivencia, lo cual las coloca en grave situación desventaja y dependencia. Esto constituye una de las causas principales que contribuyen a que se les dificulte salir de la relación de violencia.

Procesos únicos, procesos colectivos, procesos políticos

Las mujeres viven el grupo de autoayuda como el único lugar donde se les escucha sin que se les juzgue, ni presione o manipule para que hagan lo que no es su pretensión o interés. Saben que cuentan con este espacio que les apoya y respalda en cualquier decisión que tomen. En ese círculo están sus aliadas, con quienes tienen complicidades y se estimulan a romper una de las opresiones más indignantes dirigidas a ellas. Se convencen que únicamente juntando fuerzas pueden vencer los obstáculos diversos para erradicar la violencia.

Además el grupo es una oportunidad para tomar conciencia que los procesos personales son lentos y que cada persona tiene sus particularidades, que no hay procesos idénticos, ni semejantes. Según la historia de cada una, incluso de cómo se vive la historia política del país se toman decisiones.

En el grupo estos procesos y experiencias individuales se comparten y colectivizan para no dejar duda que se trata de un problema social que requiere de respaldo, fuerza y apoyo de otras para salir. Solamente juntas van a poder traspasar la regla de invisibilizar y de negar la violencia. Juntas se fortalecen para romper el silencio. Además de que estos procesos personales/ legales, son cuestiones políticas ellos en si mismos sitúan límites. En algunas ocasiones los límites o trabas están relacionados con la impunidad del sistema, por la invisibilidad social de la violencia contra las mujeres o por la forma y las ganas con que cada mujer asume su historia, vida y decisiones para transformarla desde ella misma, para trastocar las estructuras que el sistema patriarcal nos impone.

Procesos de fortalecimiento

El triunfo de una de las integrantes del grupo es una victoria para todas las que conforman el grupo, ya que a partir del apoyo que se brindan se ha vencido no solamente el ciclo de violencia con el agresor, sino también el sistema social, político, económico y jurídico patriarcal que justifica e invisibiliza la violencia, y revictimiza a las mujeres que viven violencia.

El grupo fortalece a las mujeres porque se lanzan a recuperar la confianza en ellas mismas; escudriñan y revaloran sus roles, conductas, actitudes como mujeres, van lentamente transformándolos para dejar de ser mujeres sumisas y calladas. Se incrementa el autoconocimiento, el auto concepto y la valía personal; más apegada a sus habilidades y fortalezas desarrolladas. Lo cual les facilita reconocer los límites personales, físicos, emocionales, y el no reponsabilizarse de los actos violentos de otros, les libera y les permite adquirir mayor fuerza y seguridad para enfrentarse no solamente a los agresores, sino también a los funcionarios/as en los diferentes procesos legales que llevan. Muchas veces las autoridades públicas a quienes les corresponde el diseño e implementación de políticas para erradicar la violencia no dan credibilidad a los argumentos que las mujeres tienen sobre las vivencias de la violencia. Por eso el esfuerzo del grupo va encaminado a fortalecerse para enfrentarse también a esas instancias públicas para que actúen conforme a lo que la ley les atribuye.

Aprender de las otras y definirse metas concretas

La posibilidad de desahogarse es un evento revitalizador para las mujeres que les permite aclarase, ubicar los apoyos externos e internos y definirse metas concretas y sobretodo no desesperarse. Una mujer testifica que: “antes yo agachaba la cabeza y lloraba no encontraba salidas” Las mujeres reconocen las experiencias de otras como posibles salidas, que les pueden dar resultado o no, descubren que no hay recetas y que cada una descubre el mejor camino para salir de la violencia.

Darse cuenta que necesitan dedicar tiempo en ellas para alcanzar sus metas es relevante, además de que la cantidad de tiempo a invertir en su proceso reeducativo está relacionado con los años que tienen de estar viviendo en el ciclo de violencia. En estos procesos no se van a dar “milagros”. Hay mujeres que se comprometen con su proceso personal y logran inician o retoman metas personales como estudiar, trabajar, viajar, atenderse su salud o establecer negocios.

A veces es difícil lograr que las mujeres tomen este tiempo. Un dilema que se presenta en el grupo es que muchas mujeres que tienen años de estar en ciclos de violencia quieren salir lo más rápido posible. Esperan salidas inmediatas y abruptas y que dependan de los esfuerzos de terceras personas. Si no logran sus expectativas se desaniman y abandonan temporalmente el grupo y regresan hasta que se encuentran en riesgo o peligro una vez más.

Sentirse apoyadas para trabajar las heridas

El grupo les permite escudriñar la historia y sentirse respaldada para compartir los secretos más dolorosos, muchas mujeres encuentran un espacio seguro para hablar sobre hechos de violencia sexual que enfrentaron en su niñez o adolescencia, ocasionados por personas que están vinculadas afectivamente, ya sea por su novio, padre o familiares cercanos. Desahogar sentimientos de dolor, frustración, enojo, indignación que genera el abuso sexual o las agresiones vividas es reparador. Además esta experiencia les enriquece y contribuye para resolver o enfrentar otros conflictos familiares, laborales incluso sociales o políticos. Los cambios en su estado de salud son reveladores, desaparecen dolores de cabeza, cuello, estomago, el miedo y desesperanza.

Esta propuesta es retomada lentamente por diferentes espacios de mujeres, los avances y logros aún quizás son invisibles para los ojos de un conglomerado social, sin embargo para la vida las mujeres que asisten a los diferentes grupos de autoayuda son avances significativos en el camino a una vida libre de violencia. Las une, articula y empuja al espacio político y público para acompañarse y presionar a las instancias públicas para que asuman la responsabilidad en la erradicación de la violencia contra las mujeres.

San Salvador, 15 de febrero de 2007

Bibliografia

· Grupo focal del grupo de autoyuda de Las Dignas, 25 de abril de 2003

· Grupo focal del grupo de autoyuda de Las Dignas, 23 de octubre de 2004

· Un modelo de atención en situaciones de violencia intrafamiliar, las Dignas, 2001

· Ana Carcedo, Los grupos de autoayuda. ¿Qué son? ¿Cómo hacerlos?, CEFEMINA, San José, 2005


[1] Ana Carcedo, Los grupos de autoayuda. ¿Qué son? ¿Cómo hacerlos?, CEFEMINA, San José, 2005

DESDE LA EXTRAÑEZA Y LA CERCANIA... HACIENDO PUENTES CON LAS MUJERES SAHARAUIS


Por: Gloria Guzmán

Hacer una reflexión sobre las Mujeres Saharauis, para una revista de Las Dignas en El Salvador, resulta cuando menos extraño, sobre todo porque es una realidad tan distante, no sólo geográficamente, sino en la cultura, en la vida cotidiana, en el plano religioso y espiritual, en la historia política y de conflicto armado, etc. Sin embargo no han sido pocos los momentos en que la historia reciente y vida actual de las mujeres saharauis me ha resultado sumamente familiar, y alimentado por el interés que las saharauis muestran cuando han escuchado sobre la historia política de El Salvador y de la lucha de las mujeres, no puedo menos -con un matiz testimonial- que acercar un granito de realidad saharaui a mis compañeras salvadoreñas.

Algunos antecedentes históricos para comprender el conflicto político de la sociedad saharaui.

La sociedad saharaui no vive en su propio país, vive en Tinduf, una de las zonas más áridas del desierto argelino, en situaciones climáticas extremas y en condición de refugiada. Son ya 32 años de vivir en el exilio, de transitoriedad, de espera y lucha por recuperar lo que Marruecos les ha expropiado.

El Sahara Occidental (Sahara ocupado por Marruecos) como territorio, está ubicado en el norte de África, hace frontera con Marruecos, Argelia y Mauritania; es un territorio con mucha riqueza minera y una importante cantidad de costa marítima con gran riqueza pesquera. Fue colonia española hasta mediados de los ´70. Esta década marca profundamente la vida actual de la sociedad saharaui: de un sistema de tribus, se pacta construir un sistema de organización social como un solo pueblo y con principios de igualdad; se funda el Frente POLISARIO[1], que es actualmente la instancia que gobierna la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) en el exilio; se descoloniza de España se retira del territorio dejando vía libre a la ocupación de Marruecos y Mauritania desatándose el conflicto armado.

Las mujeres saharauis no son ajenas al conflicto político y armado desde que se inicia la guerra en 1975. Son víctimas directas de las bombas de napalm y otras armas de exterminio que utilizó Marruecos para expulsarles de su propia tierra. Algunas se integran al quehacer de la lucha política y armada mientras que la gran mayoría de mujeres inician desde cero, literalmente de la nada, la construcción de un espacio para vivir en la hammada[2] argelina, el peor de los desiertos del norte de África.

La historia reconoce que las mujeres son las que han enfrentado la sobrevivencia diaria (organización social y familiar) de una etapa que se esperaba fuese temporal. Con frecuencia se dice que el Sahara es un pueblo de mujeres con escasa presencia de hombres. Esto es bastante cierto, aunque progresivamente los hombres están ganando presencia, sobre todo desde 1991 cuando Marruecos y el Frente POLISARIO firmaron un alto al fuego bajo la tutela de NNUU instituyendo la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sahara Occidental[3], a celebrarse un año más tarde. El Referéndum nunca se celebró por las trabas impuestas por Marruecos, obligando al pueblo saharaui a seguir en un estado de indefinición y transitoriedad que va minando las fuerzas y la esperanza generación tras generación.

Las Casas de la Mujer como herramienta para el empoderamiento de las mujeres saharauis.

Las Casas de las Mujeres, como uno de los proyectos que más puentes ha creado entre mujeres de diferentes lugares, ha sido una propuesta de La Unión Nacional de Mujeres Saharauis (UNMS), la organización responsable de trabajar (entre otras cosas) por mejorar las condiciones de las mujeres, conseguir una mayor participación socio-política y el derecho a la autodeterminación como sociedad. La UNMS ha desempeñado un papel clave en los más de treinta años de su fundación; siempre se esforzó por la gestión social del refugio y en la última etapa apuesta por trabajar en las capacidades de las mujeres y su empoderamiento.

La Casa de la Mujer en la wilaya[4] de Smara fue inaugurada en diciembre del 2006. Este acontecimiento fue y es particularmente significativo, ya que dicha wilaya es el campamento más grande de los cuatro que forman el conjunto de los campamentos saharauis en Tinduf, con una población total de 200.000 habitantes aproximadamente. Es una casa que está sirviendo como primera experiencia, susceptible de ser replicable en los otros tres campamentos, cuyas Casas están en proceso de construcción y su inauguración se tiene prevista para diciembre próximo.

Mi corto tiempo de conocimiento y relación con las mujeres saharauis se ha visto recompensado con la intensidad y calidad humana que me han aportado. Es ampliamente conocido que los y las saharauis son tremendamente hospitalarias, afectivas y muy abiertas en las relaciones, aún cuando tienen claridad de la diferencia en ideas y prácticas con las personas con las que se relacionan. Esta característica cultural ayuda mucho en la relación de trabajo y los procesos de reflexión para el empoderamiento que se están desarrollando en el marco de las Casas de la Mujer.

Las Casas de la Mujer son un espacio que facilita el desarrollo de algunas áreas de trabajo que tiene la UNMS en su programa global. Además de ser un espacio de encuentro entre mujeres, tiene espacios de bibliotecas, de alfabetización -clases de castellano- para jóvenes y adultas, salas de exposición y venta de la producción de las cooperativas de mujeres -más de 20 grupos activos que trabajan artesanías y similares-, elaboración de revistas y programas radiofónicos, desarrollo de charlas en los barrios. El hammam o baño turco también tiene su lugar en las casas; éste no es sólo un espacio de encuentro y baño colectivo, es también un servicio público para la higiene, en un lugar donde el agua es un recurso sumamente escaso.

Preguntas obligadas para avanzar y situar desafíos…Movimiento de Solidaridad, ONG de Cooperación al Desarrollo y Mujeres Saharauis

Nuestro conocimiento sobre los conflictos armados en el mundo suele estar marcado por el poder mediático y, sobre todo, por los intereses de la administración norteamericana y la realidad en que quiere centrar nuestra atención, desviando nuestras miradas de otras realidades igualmente críticas. Aunque actualmente hay más de 30 conflictos armados en el mundo, la información de los medios focaliza casi únicamente la situación de Medio Oriente, desgarradora por cierto. Sin embargo, el conflicto del Sahara Occidental es uno más de los tantos conflictos olvidados por los principales poderes en el mundo.

El Muro minado, construido por Marruecos que divide de norte a sur al Sahara Occidental, mide 2720 km. como medida para evitar el paso del pueblo saharaui a su propio territorio, sin embargo como lo dice Galeano, este muro de la vergüenza que mide 60 veces más que lo que medía el muro de Berlín, no tiene la misma importancia política, ni mediática.

Las mujeres saharauis que están a un lado del muro, las que se quedaron en los territorios ocupados, están luchando y enfrentando fuertes niveles de represión. Un estudio de juristas españolas señaló[5] que al menos el 30% de las mujeres saharauis en el Sahara Ocupado, han estado desparecidas por lo menos una vez en su vida. Las familias están rotas, muchas llevan 30 años sin poder encontrarse, hay centenares de personas desaparecidas y activistas por la defensa de los derechos humanos en las cárceles, hechos denunciados por Amnistía Internacional y otros organismos de solidaridad y cooperación que no reciben respuesta por parte de la comunidad internacional

Mientras, las mujeres que viven en los campamentos argelinos enfrentan otro tipo de situación: reivindican su autodeterminación y, a la vez, intentan hacer lo más llevable posible la vida diaria del refugio. Muchas jóvenes que salieron a estudiar a Cuba, Libia, Argelia, etc. regresan al lugar del que salieron pensando que era temporal, sin embargo se encuentran con condiciones difíciles, con trabas casi insalvables para desarrollarse profesionalmente. Otras jóvenes que estudiaron niveles básicos en los mismos campamentos, también intentan buscarse un espacio de formación y de desarrollo laboral; en ese sentido, las Casas son un nicho para encontrarse y desarrollarse laboralmente.

No son pocos los desafíos que enfrentan las mujeres organizadas: ¿Cómo equilibrar sus esfuerzos en la lucha por la autodeterminación y salir del refugio, con el trabajo para el empoderamiento de las mujeres?, ¿Cómo trabajar por objetivos más estratégicos de género frente a la demanda permanente de las mujeres para que la UNMS siga cumpliendo con funciones de asistencia social?, ¿Cómo enfrentar de manera positiva los conflictos intergeneracionales que se manifiestan entre las mujeres mayores que fundaron la UNMS y resistieron desde los 70, frente a las más jóvenes con otras capacidades técnicas e intelectuales que quieren ocupar espacios importantes y tener un espacio, un lugar en la vida pública?, ¿Cómo ganar más espacios para las mujeres en puestos de decisión estratégica dentro de la RASD?...

Estas preguntas tan necesarias para las mujeres saharauis y para la sociedad en su conjunto, no son extrañas para las mujeres que hemos vivido y hecho parte de los proyectos revolucionarios de las décadas pasadas. No se trata de llegar un rato a los campamentos y pensar que pueden darse recetas, en absoluto; eso sería un buen ejercicio de irrespeto a las propias mujeres y sólo daría cuenta de una visión etnocentrista. Sin embargo, la experiencia en estos procesos, la identidad feminista y el sentido de solidaridad, puede ser muy útil cuando las mismas mujeres saharauis demandan apoyo e intercambio para trabajar en proyectos comunes. Esto es lo que personalmente he encontrado, mujeres del movimiento de solidaridad y del movimiento feminista del País Vasco, trabajadoras de áreas de igualdad de ayuntamientos e integrantes de instancias de cooperación para el desarrollo, dispuestas a apoyar inquietudes de la UNMS y a fortalecer los procesos de empoderamiento de las mujeres saharauis.

La Red Vasca de Apoyo a la UNMS, formada por las arriba mencionadas, es probablemente una de las experiencias de la tan mencionada necesidad de hacer sinergias en los procesos de acción política. El apoyo no es unidireccional, el norte apoyando al sur; la experiencia tiene más conexiones y objetivos que sería largo de contar.


La extrañeza y cercanía con la que vivo esta experiencia: mujeres de otro continente, con otro idioma, árabes, islamistas, con otras visiones de la vida, etc. no hace menos que complejizar los caminos de emancipación feminista desde esa diversidad, sobre todo en sociedades donde es difícil situar las fronteras entre la cultura, religión y política, o estar en un país sin territorio y estructuras sin recursos a los que monitorear. Existe una amplia literatura que sitúa importantes poblaciones de mujeres árabes en territorios geográficos y culturales donde más se expresa la subordinación femenina. Sin entrar a examinar este supuesto, hay cierta visión de que las saharauis son de las mujeres con mayores niveles de empoderamiento en el mundo árabe.

Su participación en el gobierno es del 11%, en el parlamento el 24% y en la representación diplomática el 7%. Podemos ver el vaso medio lleno o medio vacío y valorar el bajo o importante nivel de presencia en espacios de decisión como los señalados. Lo cierto es que es admirable la capacidad de organización que han adquirido las mujeres, el uso de la palabra y dejar señalado su acuerdo o desacuerdo, etc.

El gobierno saharaui, los hombres y mujeres en particular, no tienen muchos problemas para reconocer el importante papel que las mujeres han jugado y siguen jugando en la organización de los campamentos. Las personas externas vinculadas en la solidaridad y en la cooperación para el desarrollo también reconocen el importante papel que las mujeres han tenido y siguen teniendo…entonces, el punto no está necesariamente en el reconocimiento[6], parece que el mayor desafío está en el plano de la redistribución de muchos aspectos, pero sobre todo de poder real y de responsabilidades que aún limitan el abrirse otros caminos de la emancipación.


[1] Frente Popular para la Liberación de Saguía el Hamra y Rio del Oro (POLISARIO), fundado en 1973.

[2] Significa voz de lamento, pero que hace referencia a la zona más árida del desierto

[3] MINURSO

[4] División territorial equivalente a provincia

[5] Ponencia de Inés Miranda, jurista española, en el marco de la 32 Conferencia Europea de Solidaridad con el Sahara -EUCOCO 2006-.

[6] Nancy Fraser desarrolla el concepto de reconocimiento y redistribución y propone un carácter bivalente del concepto. No pretendo aquí aplicar su propuesta aunque su análisis es sumamente útil.